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Rehacerse después de sufrir violencia de género

Dones del projecte "Dona" un pas

Empiezo a ser la mujer que siempre había querido ser y que hasta ahora no había podido, no me habían dejado”, dice satisfecha Raquel Tole. Explica que después de más de 20 años siendo víctima de malos tratos era una especie de ente, «no era persona, estaba psicológicamente muy tocada, me daba miedo hablar, exponerme, me sentía incapaz de ir a buscar trabajo«.

Raquel participa en “Dona” un pas, la iniciativa de la Fundación Ared que acompaña procesos de inserción laboral a mujeres que han sufrido o sufren violencia de género. Desde el compromiso por construir un mundo más justo, inclusivo y sostenible, en 2022 vio la luz este programa, uno de los proyectos financiados en parte con los recursos obtenidos en la 12ª Magic Line San Juan de Dios.

Las mujeres que han formado parte insisten en un antes y un después desde que se han vinculado a «Dona» un pas: «He conseguido herramientas para hacer frente al mundo, tanto familiar como laboral; me he enriquecido emocionalmente y me siento más fuerte; he aprendido a amarme, a valorarme, a sacar de mi vocabulario la palabra «No puedo», o he crecido como ser humano” son algunos de los testimonios de mujeres que admiten haber sido destrozadas emocionalmente e incapaces de ver una salida a la pesadilla que vivían.

Acompañamiento integral para la reinserción sociolaboral

Carol Llurens y Raquel Tamayo son las orientadoras laborales que acompañan individual y grupalmente a las mujeres de “Dona” un pas, que han sido víctimas de violencia machista y quieren incorporarse al mercado de trabajo: “El objetivo es fomentar su autonomía, la autoestima, el reconocimiento de sus competencias para ganar seguridad y que puedan incorporarse al mercado de trabajo”, explica Tamayo. 

Se trata de un programa integral que hace acompañamiento por la mejora del bienestar emocional y las competencias para acceder al mercado laboral y mantener el empleo, con formación y apoyo personalizado poniendo los derechos de la mujer en el centro. En las sesiones grupales, que se organizan en tres bloques –abordaje de las violencias, inserción laboral y bienestar emocional y autoconocimiento–, dos veces por semana. Carol Llurens destaca la importancia de construir comunidad y generar espacios de confianza: «Las mujeres que hemos sufrido violencia de género nos podemos sentir muy solas y perdidas. Por eso es fundamental contar con un grupo donde encontrarnos y compartir desde la escucha y el respeto, sin juicios«.

En la sesión de bienvenida del proyecto, identifican entre todos los valores que prevalecerán para funcionar dentro del grupo, y que serán una constante para generar un espacio seguro y de confianza. Cada mujer asociada al proyecto tiene una situación diferente, y dependiendo de las necesidades y circunstancias estará más o menos tiempo vinculada al proyecto.

El camino de la recuperación

Cada mujer llega al programa con una situación diferente pero en ocasiones con baja autoestima y desorientadas, sin capacidad de identificar las competencias ni una red que las sostenga. En cambio, cuando se marchan tienen ganas e ilusión, están más seguras, cuentan con apoyos y tienen más capacidad de decidir por sí mismas.

«”Dona” un pas les permite parar para escucharse, reconocerse, darse valor ya partir de ahí provocar cambios. Saber quiénes somos, qué necesitamos y dónde ponemos los límites«, concluye Tamayo.