
La implicación de los magicliners de la edición 2025 permitió recaudar 440.617 €, con los que se impulsan proyectos sociales y sanitarios que mejoran la vida de las personas que se atienden en los centros de San Juan de Dios. Uno de estos proyectos es Mujeres y sinhogar: Malla de Serveis Socials Sant Joan de Déu Barcelona.
El Programa Malla es una ecosistema de atención y protección al sinhogarismo femenino, que se compone de tres proyectos: el Centro Residencial de Inclusión La Llavor, una red de viviendas y Casa AVIDI. La red de viviendas acoge a jóvenes de entre 18 y 29 años, con atención centrada en su autonomía; la Casa AVIDI es para mujeres de más de 55 años que necesitan un enfoque que dé respuesta a su momento vital –dificultades de inserción laboral o problemas de salud–, y el CRI La Llavor atiende a mujeres de entre 18 y 64 años en situación de sinhogarismo, muchas de las cuales han sufrido violencia de género.
Un respiro
Para Judith Giménez, educadora social del CRI La Llavor, el programa supone tranquilidad para las mujeres a las que acoge: “La perspectiva de género está muy presente, intentamos atender sus especificidades, que sientan que están en un espacio de confianza, amable y seguro”. Insiste en la importancia de la seguridad, siendo mujeres que han vivido en la calle o han sufrido situaciones de violencia o inestabilidad de vivienda, necesitan calma, tranquilidad, privacidad y un acompañamiento centrado en la mujer. «Se trata de ver las vulnerabilidades y potencialidades de cada una de ellas, que aprendan a trabajar las expectativas, y favorecer que tengan herramientas para construir el futuro que necesitan o quieren«, explica la educadora. El equipo de profesionales que trabaja en La Llavor diseña un proyecto socioeducativo donde está presente la vinculación comunitaria: «Tenemos la responsabilidad de hacerlas partícipes del barrio y abrir también las puertas para que la gente pueda entrar en el centro. Debemos ofrecerles la posibilidad de formar parte de un contexto social«.
“Estar en La Llavor ha supuesto un gran cambio en mi vida, una brizna de esperanza y recuperar algo de humanidad, que desaparece en cuanto pierdes la casa”, reconoce Jennifer (40), que vive en el centro desde finales de 2024. Recuerda cuando se dedicaba a sobrevivir, sin papeles, durmiendo en la Terminal 1 del aeropuerto, donde a duras penas descansaba y por la mañana se dedicaba a ir a la ciudad a buscar trabajo: «Todo el mundo debería tener claro que quien vive en la calle no es menos persona sino que está pasando un momento difícil«.
Recuperar la ilusión y construir una nueva vida
A Jennifer esta estancia le permite mucho más que estar en la habitación pensando qué hacer: «Estoy rehaciendo mi vida, he conocido a otras mujeres, estoy construyendo una nueva red, me despierto con ganas, voy a clase y tengo rutinas diarias que me motivan. Aquí tengo algo de normalidad, estoy volviendo a crear mi vida«. Asegura estar ilusionada y más cerca de regularizar su situación. Cuando piensa en el futuro se imagina con papeles, trabajo y viviendo en su piso. Le gustaría homologar sus estudios y poder ayudar a otras mujeres para que no tengan que pasar por lo que ella ha pasado, no dejarlas caer y que puedan levantar cabeza: «En La Llavor estamos mujeres que queremos salir adelante, conseguir trabajo y aportar valor a la sociedad que nos está dando tanto«, dice sonriendo.