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Empezar a respirar gracias a la solidaridad de los ‘magicliners’

Persona atesa al servei d'orientació

Las familias de personas dependientes a menudo se sienten desamparadas y perdidas frente a la falta de información sobre recursos asistenciales, ayudas económicas y adaptaciones al domicilio. Tienen que ir aprendiendo por su cuenta en base a la experiencia diaria, sin ningún tipo de guía. «Por eso resulta tan útil la existencia de un servicio de orientación, que les aporta seguridad y confianza en momentos complejos o inciertos. Es un espacio de escucha activa y profesional donde las familias pueden expresar dudas, inquietudes y necesidades, sintiéndose comprendidas y acompañadas«, afirma Judith Gallego i Mur, técnica de la Fundación de Atención a la Dependencia SJD (FAD).

La respuesta a muchas preguntas

María Luisa Gomes es usuaria del Servicio de Orientación sobre recursos de apoyo para personas dependientes con la colaboración del Departamento de Derechos Sociales e Inclusión de la FAD. El programa, que ofrece orientación y acompañamiento a usuarios y familias en situación de pérdida de autonomía, dependencia, discapacidad física, psíquica o intelectual, está financiado parcialmente con fondos de la Magic Line San Juan de Dios.

Gracias al servicio de orientación, María Luisa se siente aliviada. Desde que entró en contacto con el programa valora especialmente poder compartir con alguien sus preocupaciones, haber recibido información que le ayuda a dar respuesta de forma más eficiente a las necesidades de la madre y acompañarla mejor. Su madre tiene 89 años y sufre una demencia no especificada. A pesar de ser autónoma por actividades básicas y tener una buena movilidad, tiene una importante afectación de la memoria reciente, y requiere atención especializada frecuentemente. «Su diagnóstico fue una sorpresa, en la familia de la madre todo el mundo ha sido muy longevo y ha llegado lúcido e independiente. Nunca hubiera imaginado que ella perdería la memoria«, reconoce.

«No podía más, no me apañaba, iba sobreviviendo»

Herramientas para el día a día

Gallego asegura que el Servicio de Orientación no sólo da respuestas puntuales, sino que contribuye a reforzar las capacidades de las familias para tomar decisiones informadas y afrontar los retos del día a día.

Antes de ser atendidas por el servicio, María Luisa recuerda que se sentía dentro de un túnel, “el problema era tan grande que no era capaz de ver opciones de salida, ni siquiera sabía qué buscar o por dónde empezar”. Hasta que entró en contacto con el programa estuvo muy perdida: «No podía más, no me apañaba, iba sobreviviendo, por eso cuando la trabajadora social me habló del Servicio de Orientación empecé a respirar«. El hecho de haber contado con un acompañamiento inicial también facilitó que la madre de María Luisa recibiera con agrado las actividades que le proponían, «ha entendido que además de entretenerla son útiles y le ayudan a estar lo mejor posible«.

Cambios de mejora sustanciales

Antes, María Luisa cuidaba a su madre lo mejor posible aunque no conocía las mejores estrategias y se desesperaba. Sin embargo, ahora tiene más herramientas para gestionar la situación, desde propuestas de actividades para que haga a lo largo del día a ejercicios de memoria, una rutina de gimnasia, o ayudarla a salir de los bucles cuando repite insistentemente un tema. “Además tengo información sobre opciones, tanto en lo que se refiere a posibles beneficios sociales como ayuda psicológica para el entorno o alternativas que ofrecen centros de día y residencias” –comenta satisfecha– “de repente tengo herramientas que me facilitan la búsqueda de los recursos que voy necesitando, porque la situación de mi madre no es estática, evoluciona constantemente”.

La experiencia evidencia que el Servicio de Orientación ayuda a reducir la sensación de desbordamiento y generar continuidad y coherencia en la atención, lo que repercute positivamente en el bienestar global de la persona atendida y de su entorno. «Lo que más valoran las personas atendidas es, sobre todo, la proximidad, la calidez y la calidad humana con la que se lleva a cabo la orientación y el acompañamiento. El trato cercano y respetuoso genera un vínculo de confianza que hace que las familias se sientan escuchadas y no juzgadas«, concluye Gallego.